En 1912 el comprador de libros antiguos, Wilfrid Voynich, hizo un descubrimiento singular. Casi un siglo después los misterios no terminan.
Cerca de Roma los jesuitas estaban vendiendo libros antiguos de diverso tipo. Precisamente, en uno de esos baúles había un manuscrito extraño, el cual estaba escrito en pergamino.
A primera vista no parecía muy distinto de los libros de su tiempo, llamados incunables (aquellos que no tienen registro del año de publicación ni la ciudad donde fueron escritos).
Pero luego se vio características muy propias. Por ejemplo, Sigue leyendo